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Parque Rodó, Montevideo.

Villa de Niebla




Así se duerme en la villa de Niebla.

Llegan los murciélagos, las niñas de la hiedra, los pensamientos oscuros. El durmiente tiembla y se arrebuja en lanas y algodones, intranquilo. A su lado la lumbre se extingue.

Luego, en los caminos, las plantas de viniebla se doblan apenas bajo un viento sutil y helado, y entonces aparecen los sueños de placer. Se ahogan, sin embargo, en un quejido: el durmiente despierta, advierte que soñaba y vuelve a caer en letargo, no sin antes derramar un par de lágrimas.

Finalmente, con los primeros rayos del día, la víctima cae por fin en un profundo sueño. Y es entonces, justo entonces, que las malditas campanas llaman al deber.


De Villa de Niebla (2004).
Foto: Montevideo.



Apuntes del último invierno, frente a mi casa, con niebla y el zoom algo caprichoso.
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Fotos: Parque Rodó, Montevideo.

La vida contemplativa



Punta Carretas, Montevideo.


Parque Rodó, Montevideo.

Playa La Mulata, Montevideo.
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Parque Rodó, Montevideo.

Ciudad Vieja

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Café Brasilero, Montevideo.

Tres gatos negros

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El primero apareció en el invierno canadiense, una noche en la que yo volvía del cine en Ottawa. Apenas comenzaba a nevar y su pelaje estaba cubierto de brillantes copos que, por haber caído muy suavemente, casi conservaban su forma original. Se fue con tanto sigilo como había llegado.

El segundo se perdió en pleno carnaval cerca de la Scala del Bovolo, esa hermosa construcción medieval veneciana. Nunca llegué a conocerlo, pero al ver el cartel me pregunté qué otro animal podía perderse o encontrarse en el carnaval de Venecia.

El tercero, bastante pequeño, intentó cruzarse en mi camino en un puente de Montevideo el 1º de enero pasado. No suelo impedirles la maniobra, pero pensé que ser permisiva en esa fecha era desafiar demasiado al destino y lo esquivé con decisión. Él me miró entre asombrado y orgulloso, tal vez pensando: «Qué aspecto amenazante tendré».

Protegido

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Exposición rural en Montevideo.

¿Un matecito?

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Barrio Palermo, Montevideo.