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Botija de mi país


Botija (del latín butticula) es un término propio del español del Uruguay, donde se lo utiliza indistintamente para referirse a niños o niñas (un botija/ una botija) y, por extensión, también a adolescentes o jóvenes. Llamativamente ausente del español argentino (a diferencia de otros términos similares como gurí o pibe, que ambas variedades comparten), es reconocido en la otra orilla del Plata como un uruguayismo, algo que demuestra, por ejemplo, la canción «Botija rapado», de la reconocida banda Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, que narra precisamente la historia de un joven de origen uruguayo. La pregunta es cómo llegó esta voz, que en su acepción original alude a vasijas para cargar agua u otros líquidos, a designar a los niños. 

En el español peninsular hay dos términos, botija y botijo, este último aplicado específicamente a las vasijas de barro poroso que se utilizan para refrescar el agua. Existe incluso botijo de pastor como nombre popular para un tipo de calabaza, la Lagenaria siceraria, utilizada desde hace siglos para el transporte de líquidos en diferentes lugares del mundo, notablemente por parte de pastores europeos, lo que atestiguan cuadros de diversas épocas que exhiben recipientes de este tipo en sus escenas pastoriles. Esto podría tentarnos a considerar que, dada la juventud de muchos pastores, podría haberse adoptado el nombre de un objeto que tradicionalmente los ha acompañado para designarlos a ellos mismos. Sin embargo, de ser este el caso deberíamos preguntarnos el por qué de la elección de la forma femenina (además de no estar claros los caminos por los cuales algo tan decididamente pastoril y europeo podría haber llegado a las riberas platenses). Para ella encontramos aún hoy en el DLE la siguiente locución: estar hecho/cha una botija: 'Dicho de un niño: Que se enoja y llora'. Y uno pensaría que se trata del líquido vertido en el llanto (similar al contenido en las vasijas) el que inspira la frase, pero ya en 1611 Covarrubias explicaba (para botijo) que la comparación tiene que ver con la tendencia de los niños a hinchar los carrillos antes de llorar (el clásico hacer pucheros, semánticamente relacionado por ser puchero --del lat. pultarius-- el nombre de un plato pero también el de una vasija abultada de características similares a la botija y el botijo. La diferencia es que el puchero puede estar hecho de hierro o de barro vidriado o esmaltado y se utiliza para la elaboración de alimentos al fuego, de lo que procede el nombre del clásico cocido). Él presenta incluso un verbo relacionado con esto, embotijar, aún presente hoy, aunque ya para todas las edades. Algunas de sus acepciones actuales en la forma pronominal: 'hincharse, inflarse' y 'enojarse, encolerizarse, indignarse'. 

Podría tratarse de algo aún más sencillo. El DLE presenta otra locución, en este caso para gente de toda edad: estar hecho/cha una botija: 'Dicho de una persona: Que está demasiado gorda'. Y esto nos trae a la memoria al legendario personaje del show mexicano de TV «Chespirito» encarnado por el actor Édgar Vivar, que en la época pesaba alrededor de 100 kgs. Su apodo, «El Botija», probablemente usual en el español norteño, nos permite imaginar en el origen de esta historia un uso análogo del término como forma de tratamiento netamente afectuosa para aludir a bebés y niños pequeños (una forma de llamarlos gordos, o más bien gorditos, más allá de su humor o sus eventuales berrinches) y de allí la extensión semántica a adolescentes y jóvenes. Esto parecería haber ocurrido solamente en nuestro país.

En resumen, probablemente podamos dejar de lado en favor de estas pistas la hipótesis pastoril, sin negar el importante rol que la Lagenaria siceraria ha tenido tradicionalmente en América y en algunas de las lenguas --no solamente el español-- que en ella se hablan: es con esta humilde pero cosmopolita calabaza que se fabrican los mates.

Fuentes:

Covarrubias, Sebastián de: Tesoro de la lengua castellana o española (1611, 1673).
Diccionario de la Lengua Española: dle.rae.es  7/8/2021.
Gómez Bolaños, Roberto: «Los caquitos». Viñeta de la serie «Chespirito». 1979-1995.
Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota: Lobo suelto, cordero atado (1993).
Wikipedia (Botijo de pastor), 7/8/2021.


Foto: Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.

De garitos, calumnias y sobornos


El término coima, con el que se alude a los sobornos en el lenguaje coloquial de América, existe en el español peninsular, aunque es poco común. Allí hace referencia específicamente a la paga de los encargados de garitos (casas de juego clandestinas). La Real Academia Española coincide con Joan Corominas en atribuirle como origen la familia del término latino calumnia (Corominas traza una ruta a través del portugués) e interpreta que esto tiene que ver con las falsas acusaciones que muchas veces conducen a este tipo de pagos. Ahora bien, con las dificultades del caso por el tipo de actividad a la que nos referimos, que no suele ser declarada alegremente y por tanto deja menos registros formales incluso en el idioma, podemos encontrar otras pistas de sumo interés en el propio latín. El término emere puede tomar como sufijo co- (por cum-), lo que da coemere (recordemos que en América existe también el verbo coimear). Esta opción aparece, en la obra de Cicerón y en la de Julio César, con la acepción de comprar conjuntamente o en gran cantidad. ¿Un remoto antepasado de las licitaciones cuestionadas? Tal vez sí, si tenemos en cuenta las connotaciones de la raíz del término, emere, que por sí solo aparece en Ovidio como sobornar (emere munere custodem, 'sobornar al guardia con regalos'); también podría hacer alusión, entre otras posibilidades,  a un sistema extendido de sobornos de diversa índole o al acto de «comprar» funcionarios. Restaría encontrar rastros de los caminos que el término pudiera haber seguido hasta alcanzar su actual forma y sobre todo su actual vitalidad en América, donde se lo encuentra profusamente no solo en el habla popular sino también en el lenguaje periodístico.

Fuentes:

Blánquez Fraile, Agustín. Diccionario latino-español. Barcelona, Sopena, 1954.
Corominas, Joan. Breve diccionario etimológico de la lengua castellana,. Madrid, Gredos, 1973.
Diccionario de la Lengua Española. dle.rae.es  6/8/2021.

Imagen: pintura atribuida a El Bosco y denominada «El prestidigitador» (1502).


«Observo a nuestros jóvenes dedicarse con un empeño laudable al árido estudio de las lenguas, y yo lo he tenido en enriquecer este Establecimiento con Gramáticas y Diccionarios de los más útiles: no solamente de las europeas castellana, francesa, inglesa, italiana y portuguesa; sino también de las americanas guaraní, quichúa y araucana. Si vosotros os dedicáis con esmero al estudio de vuestros idiomas, encontraréis que no son inferiores a los del antiguo continente.

»Un campo fecundo se os presenta a los que tengáis tiempo y gusto para ello, perfeccionando sus gramáticas y diccionarios, o bien descubriendo sus bellezas, o formándolas de nuevo. Nuestra Provincia presenta una cosa muy singular en esta parte. Mientras el guaraní se extiende por todo el Brasil y llega hasta el Perú, y mientras el quichúa domina en el vasto imperio de los Incas; este pequeño recinto cuenta más de seis idiomas diferentes: tales son el minuán, el charrúa, el chaná, el boane, el goanoa, el guaraní, y ¿qué sé yo qué más? Pero lo más sensible de todo es, que en poco tiempo no quedará vestigio alguno de ellos; y así es honor nuestro el conservarlos: que quizá encontraréis en ellos esa filosofía que debe servir para formar el idioma universal que desean los sabios.

Pbro. Dámaso Antonio Larrañaga, 26 de mayo de 1816. Oración inaugural de la primera biblioteca pública de Montevideo, que pasaba a dirigir. Transcripción de Baldomero M. Vidal.


“Research in language change is hard because it requires expertise from many areas within and outside linguistics. More than any other part of linguistics, it needs to connect with neighboring fields such as human genetics, archaeology, cultural and physical anthropology, history, and the philologies. Within linguistics, it is situated at a crossroads where almost all branches of the field meet. A historical study might draw on processing and pragmatics, morphology and corpus linguistics, sociolinguistics and syntax, phonetics and formal language theory. Such connections raise some of the deepest foundational issues in the field, and at the same time make the results exceptionally interesting and accessible to the public. The Saussurian firewall between synchrony and diachrony has been effectively breached in research practice, and it may be time to recognize that fact in the academic structure of the field as well. This would involve incorporating the historical dimension into regular syntax and phonology courses, and ultimately breaking down the conventional segregation of historical linguistics into a separate discipline within linguistics”.

Paul Kiparsky, "New perspectives in historical linguistics" (2014).

Foto: Paredones, Nazca.

Caperucita en fronterizo



Que ela saiu
foi lá na casa da avó
y veiu y...
y... taba sacando florsinha
y u lobo veiu
y preguntó si ela non quiría... corré a carrera
y ela decí que sí
preguntó por qué camino ela ía
y u lobo dice que era aquele
y ele por este
llegó na casa da avó
y batió la porta
y mandó que entrase y...
y comió a abuelita
y depós a Caperucita llegó
y preguntó "que oreia tan grande esa, abuela"
y después "qué oio tan grande, abuela"
y ela respondeu "Eu so ansí" y...
y a Caperucita fue
y alcanzó canasto con cosa que a mae dela tinha mandado y...
y ele depoi comeu a Caperucita
vinierun lenador
y cortaron a barriga du lobo y...
y sacó a Caperucita y abuela y...
lleó a barriga dele de pedra
y ele caiu dentro duma cachimba.
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Relato de una niña de Artigas (cerca de la frontera de Uruguay con Brasil) en el libro de A. Elizaincín Dialectos en contacto. Español y portugués en España y América (1992).

Mauvaise langue



Al parecer la palabra francesa mauvais, 'malo', viene, al igual que méchant, 'malvado', del latín malifatius, 'desafortunado' (ver nota sobre malvado en español). Ahora bien, con respecto a esto, Alberto Vàrvaro comenta: 

«Gaston Paris no creía adecuado a mauvais el sentido original de MALIFATIUS 'que tiene mala fortuna' pero el paso de 'desafortunado' a 'malo' es del todo verosímil y ocurre en muchos casos: en el mismo francés para méchant, que ha sufrido la siguiente evolución semántica: 'que tiene mala fortuna' > 'miserable' > 'inclinado hacia el mal, malo', y para maufé, 'diablo' (< MALUS FATUS), y también en italiano para sciagurato, en alemán para elend, en inglés para wretched. Más que en la moral de las clases altas, que en cada 'desventurado' ven a un 'malvado', Schuchardt pensaba en la tradición ética que en el malvado ve al infeliz». 
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Bibliografía
 
A. Vàrvaro.  Historia, problemas y métodos de la lingüística románica (1988). 
Trad. de Anna M. Mussons.

Foto: Buenos Aires.

Voces campesinas



Varias palabras relacionadas con la actividad intelectual tienen su origen en términos campesinos del latín. Dos ejemplos interesantes: leer viene de legere, que primitivamente significaba en esa lengua 'recolectar' (por ejemplo, higos, aceitunas o flores), mientras que página viene de pagina, que en origen hacía referencia a cuatro hileras de vides dispuestas en forma rectangular.
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Bibliografía

A. Blánquez Fraile.  Diccionario latino-español  (1954).
J. Corominas. Breve diccionario etimológico de la lengua castellana  (1961, 3era. ed.)

Foto: Melilla, Montevideo.

Fuentes parleras

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A veces consulto otras cosas, pero estos son los libros que, tras varios traslados, tengo más a mano para elaborar mis apuntes sobre léxico español y romance. 

ACADEMIA NACIONAL DE LETRAS. Diccionario del español del Uruguay. Montevideo, Banda Oriental, 2012.
ALARCOS LLORACH, E. Gramática de la lengua española. Madrid, Espasa Calpe, 1994.
ALLEN, R. (ed.). The New Penguin English Dictionary (2da. ed.). Londres, Penguin Books, 2000.
BLÁNQUEZ FRAILE, A. Diccionario latino-español. Barcelona, Sopena, 1954.
CICALESE, V. Nuestro viejo latín. Montevideo, Facultad de Humanidades y Ciencias, 1968 (tomo I, 2da. ed.) y 1972 (tomo II).
COROMINAS, J. Breve diccionario etimológico de la lengua castellana (3era ed). Madrid, Gredos, 1961.
DÍAZ Y DÍAZ, M.C. Antología del latín vulgar. Madrid, Gredos, 1950.
ECHAURI, E. Diccionario esencial latino-español. Barcelona, Larousse, 1997.
ELIZAINCÍN, A. Dialectos en contacto. Español y portugués en España y América. Montevideo, Arca, 1992.
GALIMBERTI JARMAN, B. y R. RUSSELL (eds.). Gran Diccionario Oxford Español-Inglés . Inglés- Español. Oxford, Oxford University Press, 1994 (3era. ed.)
GARCÍA-PELAYO Y GROSS, R. y J. TESTAS. Gran Diccionario Español-Francés . Francés-Español. París, Larousse, 2005.
GRIMAL, P. Diccionario de mitología griega y romana. Buenos Aires, Paidós, 1981. Título original: Dictionaire de la mythologie grecque et romaine.
LAPESA, R.  Historia de la lengua española.  Madrid, Gredos, 1981.
LÁZARO CARRETER, F. Diccionario de términos filológicos. Madrid, Gredos, 1953.
LIPSKI, J.M. El español de América. Madrid, Cátedra, 1996. Título original: Latin American Spanish.
LLOYD, P.M. Del latín al español. I. Fonología y morfología históricas de la lengua española. Madrid, Gredos, 1993. Versión ampliada de A. Álvarez Rodríguez. Título original: From Latin to Spanish. Vol. I: Historical Phonology and Morphology of the Spanish Language. 
MENÉNDEZ PIDAL, R. El idioma español en sus primeros tiempos. Buenos Aires, Espasa Calpe, 1942.
MENÉNDEZ PIDAL, R. Flor nueva de romances viejos. Madrid, Espasa Calpe, 1979.
MORÍNIGO, M. Diccionario del español de América. Madrid, Anaya, 1993.
REAL ACADEMIA ESPAÑOLA Y ASOCIACIÓN DE ACADEMIAS DE LA LENGUA ESPAÑOLA. Diccionario de la lengua española. Madrid, Espasa Calpe, 2001.
REAL ACADEMIA ESPAÑOLA Y ASOCIACIÓN DE ACADEMIAS DE LA LENGUA ESPAÑOLA. Ortografía de la lengua española. Buenos Aires, Espasa, 2011.
SÁNCHEZ, J.L. (ed.) Diccionario Español-Portugués . Portugués-Español. Barcelona, Océano, 2012.
SAÑÉ, S. y S. SCHEPISI. Diccionario Maggiore Español-Italiano/ Italiano-Español. Bologna, Zanichelli, 2005.
VÀRVARO, A. Historia, problemas y métodos de la lingüística románica. Barcelona, Sirmio, 1988. Título original: Storia, problemi e metodi della linguistica romanza.
VON WARTBURG, W. Evolución y estructura de la lengua francesa. Madrid, Gredos, 1966. Título original: Évolution et structure de la langue française.
ZAMORA VICENTE, A. Dialectología española. Madrid, Gredos, 1960.

Foto: Lucerna, Suiza.

A língua do Diabo




«Tive sempre uma repugnância quase física pelas coisas secretas — intrigas, diplomacia, sociedades secretas, ocultismo. Sobretudo me incomodaram sempre estas duas últimas coisas — a pretensão, que têm certos homens, de que, por entendimentos com Deuses ou Mestres ou Demiurgos, sabem — lá entre eles, exclusos todos nós outros — os grandes segredos que são os cavoucos do mundo.

»Não posso crer que isso seja assim. Posso crer que alguém o julgue assim. Por que não estará essa gente toda doida, ou iludida? Por serem vários? mas há alucinações coletivas.

»O que sobretudo me impressiona, nesses mestres e sabedores do invisível é que, quando escrevem para nos contar ou sugerir os seus mistérios, escrevem todos mal. Ofende-me o entendimento que um homem seja capaz de dominar o Diabo e não seja capaz de dominar a língua portuguesa.

Fernando Pessoa, Livro do desassossego de Bernardo Soares.

Foto: Villach.

No te doy nada

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Mezquino es una de esas palabras, más de las que uno quisiera, que comienzan denotando pobreza económica o desgracia y con el tiempo van incorporando la idea de pobreza moral o espiritual, que termina imponiéndose. En acadio muskenu(m) significaba 'súbdito' y la palabra fue pasando por el arameo y el árabe clásico hasta llegar al árabe hispánico miskín. En árabe y en los primeros tramos hispánicos del término, su acepción principal era 'pobre, necesitado, carente', hoy en desuso en favor de la que conocemos, que implica avaricia, pequeñez moral y falta de nobleza: características que, como sabemos, poco tienen que ver con la condición social de quien las porta, pero la tradición lingüística no suele consignarlo así. Ver estos otros ejemplos: villano y malvado.
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Bibliografía

J. Corominas. Breve diccionario etimológico de la lengua castellana (1961, 3era. ed.)
Real Academia Española, Diccionario de la lengua española (2001).

Foto: Buenos Aires.

Vilipendios

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La palabra villano viene del latín villanus, que a su vez procede de villa (en su acepción original de 'casa de campo'). En otras épocas del español, el villano era el habitante de una villa o aldea, en contraposición con el noble o hidalgo, como se ve en este romance del siglo XV o XVI:

Pastor que estás en el campo
de amores tan descuidado,
escucha a una gentil dama
que por ti se ha desvelado.

Conmigo no habéis hablado,

responde el villano vil,
tengo el ganado en la sierra,
y a mi ganadico me quiero ir.

Más allá de la desconsideración de quien rechaza tan categóricamente a una dama (¡y para irse con el ganado!), en este texto la palabra no sugiere perfidia, y por eso se la complementa con el adjetivo vil, que viene del latín vilis y sí significa 'infame' o 'despreciable' (pero también 'de bajo precio, barato'). Sabemos lo que el tiempo ha hecho con villano: la tradición lingüística parece asimilar pobreza con maldad.

(Nota: en el proceso que ha venido sufriendo en las últimas décadas el término villero en Argentina parece estar repitiéndose tristemente la historia).
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Bibliografía

J. Corominas. Breve diccionario etimológico de la lengua castellana  (1961, 3era ed.)
R. Menéndez Pidal. Flor nueva de romances viejos  (1979).
Real Academia Española. Diccionario de la lengua española  (2001).

Foto: Buenos Aires.

Escritores y lengua materna



«La situación del mundo donde vivimos hoy, un mundo donde los escritores viven muy a menudo en un país que no es la "tierra-madre", donde son a veces forzados, por conjeturas políticas, a que abandonen su "lengua materna", merece ser analizada. Millares de escritores abandonaron su lengua para adoptar otra,  o sea porque las vías enmarañadas del destino les trajeron allí, o sea porque querían simplemente escribir en una lengua que les asegurara un número más grande de lectores (el inglés, el francés). Algunos de estos escritores logran dominar de manera excepcional la lengua de adopción, a veces hasta ser grandes estilistas. Pero cuando el abandono de la lengua materna no es nada más que una cuestión de circunstancia, por muy dominada que sea la lengua de adopción, el escritor no es más que un rapsoda dotado de más o menos talento. El escritor es verdaderamente auténtico, es verdaderamente Poeta sólo si el abandono de la lengua se hace por razones que no sean razones de circunstancia».

D. Hurezanu, «La lengua materna y las fuentes de la creación», en RAL,M.

Como si fuera poco

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La palabra malvado aparece en el español del siglo XIII. Curiosamente procede de malifatius, 'desgraciado', que viene a su vez de los términos latinos malus, 'malo' y fatum, 'destino'. El correr de los siglos parece disfrazar al sufriente de mala persona, tal vez porque la historia (incluso la de la lengua) la escriben los que ganan. La confusión de desgracia con maldad no se da sólo en los avatares de este término: del mismo modo se llama desgraciado tanto al que sufre un revés del destino como a la persona de moral cuestionable («¡Fulano es un desgraciado!»). Tampoco esta confusión es exclusiva del español: en francés, por ejemplo, el término méchant(e) surge en el siglo XII, procedente del antiguo francés mescheoir, algo así como 'caer mal' o 'sufrir desgracia'. En aquel entonces, ser méchant o méchante era ser 'desgraciado', 'pobre', 'pequeño', 'sin suerte', pero hacia el siglo XVI (y hasta nuestros días) el significado ¿evoluciona? a: 'que hace deliberadamente el mal o busca hacerlo', o, si se trata de un animal, 'que busca atacar'.
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Bibliografía

J. Corominas.  Breve diccionario etimológico de la lengua castellana  (1961, 3era. ed).
Real Academia Española.  Diccionario de la lengua española  (2001).
J. Rey-Debove y Alain Rey.  Le Petit Robert 2006  (2005).

Foto: París.

Todo es relativo

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-La palabra éxito viene del latín exitus, que significa 'salida', aunque algunos autores como Plinio la utilizan también para referirse a la muerte (la salida de la vida). De la misma raíz, exeo ('salir') procede exitium, que algunos autores utilizan en el sentido de 'ruina', 'pérdida', 'destrucción', 'azote' o 'plaga'. Para completar, 'funesto', 'pernicioso' o 'fatal' son algunas acepciones del lat. exitiosus.

-La palabra prestigio comparte raíz con prestidigitador y por eso en el español del siglo XVII significaba 'juego de manos' o 'fascinación o ilusión con que se impresiona a alguien'. El término latino praestigiae significa 'impostura', 'engaños', 'embustes', 'falacias', 'artificios', y praestigiosus, antepasado de prestigioso: 'engañador', 'embustero', 'lleno de apariencia', 'afectado'.
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Bibliografía

A. Blánquez Fraile.  Diccionario latino-español (1954).
J. Corominas. Breve diccionario etimológico de la lengua castellana (1961, 3era. ed.)

Foto: Buenos Aires.

Los guapos no tienen premio

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La palabra premio viene del latín praemium, es decir, 'recompensa', pero en el sentido de 'botín', 'despojo' e incluso 'presa' o 'ventaja que se obtiene de la presa que se hace'. Julio César utilizó el término para referirse a las "promesas y regalos" utilizados para persuadir a alguien.

Hablando de botines, el origen de la palabra pirata (en español y antes en latín) es el término griego peirates (idem), del verbo peiráo, que significa 'yo intento, me aventuro'. Parece que la sabiduría popular no recompensa lingüísticamente a los que corren riesgos: petulante, por su parte, viene del latín petere, 'dirigirse a, ir hacia un lugar'. ¿El mundo es de los que se atreven?
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Bibliografía

A. Blánquez Fraile.  Diccionario latino-español (1954).
J. Corominas. Breve diccionario etimológico de la lengua castellana (1961, 3era. ed.)

Foto: Montevideo.

La dulce perdición de los peces

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A todo aquel que alguna vez haya estado embelesado por algo o alguien puede interesarle saber que la palabra en cuestión viene de belesa, una planta que en la Edad Media se utilizaba para emborrachar a los peces y poder pescarlos más fácilmente (el método suena trabajoso, pero ellos sabrían lo que hacían). Ebriedad y fascinación se entrelazan frecuentemente en distintas lenguas: en español decimos que algo es embriagador, y en inglés, intoxicating. Esto suena bastante inquietante para nosotros, pero en inglés se habla, por ejemplo, de una intoxicating atmosphere, no para decir que en el aire del lugar hay emanaciones mortales, sino para describir un entorno sugerente que invita, tal vez, a alguna forma de perdición.
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Bibliografía

J. Corominas. Breve diccionario etimológico de la lengua castellana (1961, 3era. ed.)
Real Academia Española.  Diccionario de la lengua española (2001).
R. Allen (ed.) The New Penguin Dictionary (2000, 2da. ed.)

Foto: Buenos Aires.

Pequeña historia de un epígrafe

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«Centoclus Argus esse, totus oculis & auribus scatere», posible epígrafe de este blog, pertenece a un libro italiano del siglo XVII, Solatium animae desolatae in patientia (La consolación de las almas desoladas en la paciencia), de Angelo Paciuchelli (Pachiuchelli en algunos manuscritos). Al parecer el original, escrito en toscano (porque el autor era de Monte Pulciano), se editó tras la muerte del autor; luego Leonardo Messen, de cuyo trabajo tomé esta línea, lo tradujo al latín para su uso eclesiástico.

Paciuchelli era un sacerdote domínico que escribió varios importantes textos religiosos en el siglo XVII, entre los que destaca el conocido como Excitationes dormitantis animae, dedicado a la virgen María. Lo interesante de la línea que nos ocupa es esta alusión a la mitología clásica por parte de un sacerdote católico. Tal vez se deba a que aparece tras una cita de Séneca (de De Ira), o a una posible intención ejemplarizante: el autor nos relata los disgustos que podemos sufrir si somos tan curiosos como Argo (el gigante que servía a Hera, perpetuo vigilante de cien ojos).

En este blog, por cierto, se trata de lo contrario. No es cuestión de promover la curiosidad abusiva: violar la privacidad ajena es reprobable pero sobre todo absurdo. Me niego a observar a mi vecino en el retrete tanto como pueda molestarme que él me contemple a mí en esas circunstancias (esto me recuerda un cartel en los baños masculinos de un trabajo que tuve. «La luz no funciona», protestaba el texto, y alguien había acotado sabiamente abajo: «Pa' lo que hay que ver...»). Este epígrafe se refiere a la curiosidad sana por la gente y por el mundo, a buscar usos interesantes para los ojos (y las orejas), simbolizados en los cien que la esposa de Zeus, tras la muerte de su vigilante, colocó como homenaje en el abanico del pavo real.

En cuanto a la línea en latín, ¿cómo la traduciríamos? Centoclus, epíteto de Argo, no tiene término equivalente en este caso. En inglés sería 'hundred-eyed', pero para nosotros sería redundante decir «Ser un Argo de cien ojos, todo ojos...». Por eso opté aquí por «Ser un Argo, todo ojos y con profusión de orejas». En esta traducción tardía aparece la síncopa que los gramáticos latinos señalaron alguna vez como falta ortográfica y que a mí me atrae por su sonoridad y sus connotaciones. Oclus fue un paso en la evolución del latín oculus a nuestro ojo y en homenaje a esto, con centoclus nos quedamos.

A. Blánquez Fraile. Diccionario latino-español (1954).
P. Grimal. Diccionario de mitología griega y romana. Trad de F. Payarols (1981).
F. Lloyd. Del latín al español. Versión de A. Álvarez Rodríguez (1993).
A. Paciuchelli. Solatium animae desolatae in patientia. Trad. de L. Messen (1693).