Botija de mi país
De garitos, calumnias y sobornos
»Un campo fecundo se os presenta a los que tengáis tiempo y gusto para ello, perfeccionando sus gramáticas y diccionarios, o bien descubriendo sus bellezas, o formándolas de nuevo. Nuestra Provincia presenta una cosa muy singular en esta parte. Mientras el guaraní se extiende por todo el Brasil y llega hasta el Perú, y mientras el quichúa domina en el vasto imperio de los Incas; este pequeño recinto cuenta más de seis idiomas diferentes: tales son el minuán, el charrúa, el chaná, el boane, el goanoa, el guaraní, y ¿qué sé yo qué más? Pero lo más sensible de todo es, que en poco tiempo no quedará vestigio alguno de ellos; y así es honor nuestro el conservarlos: que quizá encontraréis en ellos esa filosofía que debe servir para formar el idioma universal que desean los sabios.
Pbro. Dámaso Antonio Larrañaga, 26 de mayo de 1816. Oración inaugural de la primera biblioteca pública de Montevideo, que pasaba a dirigir. Transcripción de Baldomero M. Vidal.
“Research in language change is hard because it requires expertise from many areas within and outside linguistics. More than any other part of linguistics, it needs to connect with neighboring fields such as human genetics, archaeology, cultural and physical anthropology, history, and the philologies. Within linguistics, it is situated at a crossroads where almost all branches of the field meet. A historical study might draw on processing and pragmatics, morphology and corpus linguistics, sociolinguistics and syntax, phonetics and formal language theory. Such connections raise some of the deepest foundational issues in the field, and at the same time make the results exceptionally interesting and accessible to the public. The Saussurian firewall between synchrony and diachrony has been effectively breached in research practice, and it may be time to recognize that fact in the academic structure of the field as well. This would involve incorporating the historical dimension into regular syntax and phonology courses, and ultimately breaking down the conventional segregation of historical linguistics into a separate discipline within linguistics”.
Paul Kiparsky, "New perspectives in historical linguistics" (2014).
Foto: Paredones, Nazca.
Caperucita en fronterizo
Que ela saiu
foi lá na casa da avó
y veiu y...
y... taba sacando florsinha
y u lobo veiu
y preguntó si ela non quiría... corré a carrera
y ela decí que sí
preguntó por qué camino ela ía
y u lobo dice que era aquele
y ele por este
llegó na casa da avó
y batió la porta
y mandó que entrase y...
y comió a abuelita
y depós a Caperucita llegó
y preguntó "que oreia tan grande esa, abuela"
y después "qué oio tan grande, abuela"
y ela respondeu "Eu so ansí" y...
y a Caperucita fue
y alcanzó canasto con cosa que a mae dela tinha mandado y...
y ele depoi comeu a Caperucita
vinierun lenador
y cortaron a barriga du lobo y...
y sacó a Caperucita y abuela y...
lleó a barriga dele de pedra
y ele caiu dentro duma cachimba.
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Relato de una niña de Artigas (cerca de la frontera de Uruguay con Brasil) en el libro de A. Elizaincín Dialectos en contacto. Español y portugués en España y América (1992).
Mauvaise langue
Trad. de Anna M. Mussons.
Voces campesinas
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Foto: Melilla, Montevideo.
Fuentes parleras

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Foto: Lucerna, Suiza.
A língua do Diabo
No te doy nada

J. Corominas. Breve diccionario etimológico de la lengua castellana (1961, 3era. ed.)
Vilipendios

La palabra villano viene del latín villanus, que a su vez procede de villa (en su acepción original de 'casa de campo'). En otras épocas del español, el villano era el habitante de una villa o aldea, en contraposición con el noble o hidalgo, como se ve en este romance del siglo XV o XVI:
Pastor que estás en el campo
de amores tan descuidado,
escucha a una gentil dama
que por ti se ha desvelado.
Conmigo no habéis hablado,
responde el villano vil,
tengo el ganado en la sierra,
y a mi ganadico me quiero ir.
Más allá de la desconsideración de quien rechaza tan categóricamente a una dama (¡y para irse con el ganado!), en este texto la palabra no sugiere perfidia, y por eso se la complementa con el adjetivo vil, que viene del latín vilis y sí significa 'infame' o 'despreciable' (pero también 'de bajo precio, barato'). Sabemos lo que el tiempo ha hecho con villano: la tradición lingüística parece asimilar pobreza con maldad.
(Nota: en el proceso que ha venido sufriendo en las últimas décadas el término villero en Argentina parece estar repitiéndose tristemente la historia).
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J. Corominas. Breve diccionario etimológico de la lengua castellana (1961, 3era ed.)
R. Menéndez Pidal. Flor nueva de romances viejos (1979).
Foto: Buenos Aires.
Escritores y lengua materna
«La situación del mundo donde vivimos hoy, un mundo donde los escritores viven muy a menudo en un país que no es la "tierra-madre", donde son a veces forzados, por conjeturas políticas, a que abandonen su "lengua materna", merece ser analizada. Millares de escritores abandonaron su lengua para adoptar otra, o sea porque las vías enmarañadas del destino les trajeron allí, o sea porque querían simplemente escribir en una lengua que les asegurara un número más grande de lectores (el inglés, el francés). Algunos de estos escritores logran dominar de manera excepcional la lengua de adopción, a veces hasta ser grandes estilistas. Pero cuando el abandono de la lengua materna no es nada más que una cuestión de circunstancia, por muy dominada que sea la lengua de adopción, el escritor no es más que un rapsoda dotado de más o menos talento. El escritor es verdaderamente auténtico, es verdaderamente Poeta sólo si el abandono de la lengua se hace por razones que no sean razones de circunstancia».
Como si fuera poco
La palabra malvado aparece en el español del siglo XIII. Curiosamente procede de malifatius, 'desgraciado', que viene a su vez de los términos latinos malus, 'malo' y fatum, 'destino'. El correr de los siglos parece disfrazar al sufriente de mala persona, tal vez porque la historia (incluso la de la lengua) la escriben los que ganan. La confusión de desgracia con maldad no se da sólo en los avatares de este término: del mismo modo se llama desgraciado tanto al que sufre un revés del destino como a la persona de moral cuestionable («¡Fulano es un desgraciado!»). Tampoco esta confusión es exclusiva del español: en francés, por ejemplo, el término méchant(e) surge en el siglo XII, procedente del antiguo francés mescheoir, algo así como 'caer mal' o 'sufrir desgracia'. En aquel entonces, ser méchant o méchante era ser 'desgraciado', 'pobre', 'pequeño', 'sin suerte', pero hacia el siglo XVI (y hasta nuestros días) el significado ¿evoluciona? a: 'que hace deliberadamente el mal o busca hacerlo', o, si se trata de un animal, 'que busca atacar'.
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J. Corominas. Breve diccionario etimológico de la lengua castellana (1961, 3era. ed).
Todo es relativo

-La palabra éxito viene del latín exitus, que significa 'salida', aunque algunos autores como Plinio la utilizan también para referirse a la muerte (la salida de la vida). De la misma raíz, exeo ('salir') procede exitium, que algunos autores utilizan en el sentido de 'ruina', 'pérdida', 'destrucción', 'azote' o 'plaga'. Para completar, 'funesto', 'pernicioso' o 'fatal' son algunas acepciones del lat. exitiosus.
-La palabra prestigio comparte raíz con prestidigitador y por eso en el español del siglo XVII significaba 'juego de manos' o 'fascinación o ilusión con que se impresiona a alguien'. El término latino praestigiae significa 'impostura', 'engaños', 'embustes', 'falacias', 'artificios', y praestigiosus, antepasado de prestigioso: 'engañador', 'embustero', 'lleno de apariencia', 'afectado'.
Bibliografía
Los guapos no tienen premio

La palabra premio viene del latín praemium, es decir, 'recompensa', pero en el sentido de 'botín', 'despojo' e incluso 'presa' o 'ventaja que se obtiene de la presa que se hace'. Julio César utilizó el término para referirse a las "promesas y regalos" utilizados para persuadir a alguien.
Hablando de botines, el origen de la palabra pirata (en español y antes en latín) es el término griego peirates (idem), del verbo peiráo, que significa 'yo intento, me aventuro'. Parece que la sabiduría popular no recompensa lingüísticamente a los que corren riesgos: petulante, por su parte, viene del latín petere, 'dirigirse a, ir hacia un lugar'. ¿El mundo es de los que se atreven?
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Foto: Montevideo.
La dulce perdición de los peces

A todo aquel que alguna vez haya estado embelesado por algo o alguien puede interesarle saber que la palabra en cuestión viene de belesa, una planta que en la Edad Media se utilizaba para emborrachar a los peces y poder pescarlos más fácilmente (el método suena trabajoso, pero ellos sabrían lo que hacían). Ebriedad y fascinación se entrelazan frecuentemente en distintas lenguas: en español decimos que algo es embriagador, y en inglés, intoxicating. Esto suena bastante inquietante para nosotros, pero en inglés se habla, por ejemplo, de una intoxicating atmosphere, no para decir que en el aire del lugar hay emanaciones mortales, sino para describir un entorno sugerente que invita, tal vez, a alguna forma de perdición.
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R. Allen (ed.) The New Penguin Dictionary (2000, 2da. ed.)
Pequeña historia de un epígrafe

Paciuchelli era un sacerdote domínico que escribió varios importantes textos religiosos en el siglo XVII, entre los que destaca el conocido como Excitationes dormitantis animae, dedicado a la virgen María. Lo interesante de la línea que nos ocupa es esta alusión a la mitología clásica por parte de un sacerdote católico. Tal vez se deba a que aparece tras una cita de Séneca (de De Ira), o a una posible intención ejemplarizante: el autor nos relata los disgustos que podemos sufrir si somos tan curiosos como Argo (el gigante que servía a Hera, perpetuo vigilante de cien ojos).
En este blog, por cierto, se trata de lo contrario. No es cuestión de promover la curiosidad abusiva: violar la privacidad ajena es reprobable pero sobre todo absurdo. Me niego a observar a mi vecino en el retrete tanto como pueda molestarme que él me contemple a mí en esas circunstancias (esto me recuerda un cartel en los baños masculinos de un trabajo que tuve. «La luz no funciona», protestaba el texto, y alguien había acotado sabiamente abajo: «Pa' lo que hay que ver...»). Este epígrafe se refiere a la curiosidad sana por la gente y por el mundo, a buscar usos interesantes para los ojos (y las orejas), simbolizados en los cien que la esposa de Zeus, tras la muerte de su vigilante, colocó como homenaje en el abanico del pavo real.
En cuanto a la línea en latín, ¿cómo la traduciríamos? Centoclus, epíteto de Argo, no tiene término equivalente en este caso. En inglés sería 'hundred-eyed', pero para nosotros sería redundante decir «Ser un Argo de cien ojos, todo ojos...». Por eso opté aquí por «Ser un Argo, todo ojos y con profusión de orejas». En esta traducción tardía aparece la síncopa que los gramáticos latinos señalaron alguna vez como falta ortográfica y que a mí me atrae por su sonoridad y sus connotaciones. Oclus fue un paso en la evolución del latín oculus a nuestro ojo y en homenaje a esto, con centoclus nos quedamos.
A. Blánquez Fraile. Diccionario latino-español (1954).
P. Grimal. Diccionario de mitología griega y romana. Trad de F. Payarols (1981).
F. Lloyd. Del latín al español. Versión de A. Álvarez Rodríguez (1993).
A. Paciuchelli. Solatium animae desolatae in patientia. Trad. de L. Messen (1693).









