The Noon Witch
La bruja del mediodía
Dido con sombrero en punta y velo de lino. Dido, una novia siria rodeada de brujas blancas.
Juin, de Juana de Ibarbourou
La soirée pleine d'iris.
Une cloche de bronze foncé
Les pures, claires mains du archange
Fondent là dans la forêt.
Les claires, pures mains du archange
Pourvu qui les moules craquelent!
La soirée pleine d'iris
Et avec les tempes sanglantes
S'est tendue sous le bouclé
Vert falbala du torrent.
Le jour, le jour qui se noie.
L'archange, un petit nard
Orfèvre d'argent si fine
Martèle doucement la cloche
Et ses larmes chaudes glissent.
La forêt entière s'allume
À la fleur de ses épines.
L'ombre toute se répand
Par les villes et les chemins.
La soif de les vents plus noirs
Boit le parfum des iris.
Ah juin sombre, tu me blesses
Comme le fil d'une canif.
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Photo: Montevideo.
Swell Time
Triple sec
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Trinitaria en la tertulia de En Perspectiva (continuación)
Viene de esta entrada.
M.F: Sí. Incluso con la editorial buscamos la forma, yo pedí especialmente que cada uno tuviera una página, porque muchas veces con este tipo de textos se aprovechan las páginas...
A.G. Páginas separadas.
M.F: Sí, porque me parece que eso le da relieve. Ves la página blanca y el texto medio centrado ahí y le da un poco de relieve. Me gusta de repente pocas palabras pero una cosa como más de paladear, de leerlo con cierta... buscarle la vuelta y no tanto que esté lleno de palabras.
M.R: La eficacia del lenguaje, ¿no?
M.F. Sí, me gustan las oraciones breves, por ejemplo, una cosa así que... Y bueno, y muchas veces lo que ocurre es que, claro, no es un libro que lo puedas leer así, devorarlo como quien lee una novela muy interesante, sino que es más de...
A.G. De reflexión.
M.F: De darle vueltas, pero bueno. Yo también le he dado muchas vueltas a cada uno de esos textos, los trabajé bastante como para llegar a algo.
A.G: ¿Los organizaste desde un principio o...
M.F: No.
A.G: ... los tenías y después los organizaste?
M.F: Sí, eso fue un poco un armado, fue un armado posterior, en este caso para tratar de sentir que tenía un libro, ¿no? Porque eran cosas de distintas épocas. Incluso acá han confluido un montón de libros de esos que nacen y mueren sin que los lea nadie más que uno mismo (risas), tantos... y bueno, y saqué un poco partes de cada uno y demás y armé algo que pudiera presentarse como un libro, que se pudiera sentir como un libro, ¿no?
D.B: Bueno, como Magdalena además de escritora es mujer de radio desde hace ya unos cuantos años vamos a pedirle que lea uno de esos textos aquí «En perspectiva», entonces, de este «Trinitaria». ¿Que lo elija ella o que lo elija el público, como les decía antes de entrar, a pedido del público? Porque yo por allí elegí alguno, pero bueno, como quieras, ¿eh? Podés empezar por el que quieras.
M.F: Bueno.
D.B: Y con hinchada y todo, ¿eh? Del otro lado del vidrio tenés a alguien que conocés, Ana Rosa, querida compañera...
M.F: Ana Rosa, que estuvo en la presentación del libro en Facultad de Humanidades y los leyó bastante mejor de lo que yo voy a leer ahora, pero bueno...
A.G: Mirá para otro lado, Ana (risas).
D.B: No, pero vamos a aprovechar la oportunidad para invitar a Ana Rosa aquí al estudio. Venga, venga, ¿tiene un tiempito, un ratito entre locución y locución? Ahí está, véngase, venga Ana Rosa para acá al estudio. La vamos a mandar...
A.G: La vamos a mandar ahí al lado de Martín.
D.B: A esta mesa...
M:F: A la guerra. Eso te pasa por tener estas amistades.
D.B: Porque de repente, de repente, quién les dice, podemos hacer acá un concurso de lectura.
M.F: ¡No me hagas esto!
D.B: Después los oyentes dicen...
M.F: Venía tan bien...
Ana Rosa: De colada acá (risas).
M.F: ¿Qué tal? Buen día.
D.B: Ana Rosa, bienvenida. ¿Cómo te va?
A:R: Muchas gracias, muy bien.
D.B: Bueno, a ver...
M.F: ¿Empiezo nomás? (se ríe): «Mujeres». Este lo pidió Diego y bueno, va por aquí (lo lee).
D.B: Mujeres que están muy presentes en «Trinitaria», por todas partes, ¿no? ¿Solo mujeres?
M.F: No (se ríe), de todo.
A.G: Hay padres, hay hombres....
D.B: Ah, bueno. (risas). Ana Rosa me hizo una trampita, me dice: «No traje los lentes».
A.R: No, no traje los lentes.
D.B: ¿Pero cómo?
A.R: Porque estoy de colada. Yo vine a escuchar la nota porque quiero mucho a Magdalena y porque tuve la suerte de poder presentar el libro en Facultad de Humanidades y además porque me parece un libro sumamente valioso en una persona tan joven que tiene una escritura tan sólida, tan profunda, tan inquietante, y muy subyugante en algunos aspectos, ¿no? Creo que vale la pena este libro.
M.F: Me ruborizo (risas).
D.B: A propósito de eso, a veces, Magdalena... ¿vale, no sé, se me ocurre, quizás, pensando en alguno de los textos en este libro, el escribir por antes que nada el placer de la escritura, de elegir una palabra, de elegir su música, de ver en todo caso cómo suena con otras palabras, un poco más allá de pensar a ver qué estoy diciendo, que se está queriendo decir?
M.F: Sí, sí, sí, en lo que yo hago eso está muy presente. Es una de las características, como dicen, de la función poética del lenguaje, por eso mucha gente discute realmente si esto es poesía o no. Porque en lo poético tiene mucho que ver cómo decís las cosas más que qué es lo que realmente se transmite. Aquí hay algunas ideas centrales , pero sí, me gusta mucho pensar en cómo decirlo, ¿no? En las imágenes que aparecen, en qué palabras, el ritmo interno que pueda haber.
A.G: Otra de las discusiones siempre, cuando se habla de poesía, sobre todo, es si los textos son escritos para ser leídos en silencio o para ser dichos en voz alta.
M.F: Es verdad.
A.G: ¿Vos decís en voz alta cuando escribís, o después que escribís?
M.F: Yo cuando los hago no tanto pero ahora, por ejemplo, sobre todo desde que están en el libro, a veces me gusta leerlos, sí, pensar cómo los presentaría.
A.G: ¿Y ahí se nota el ritmo más?
M.F: Sí, a veces sí, porque a veces al leerlo en voz alta algo te choca o no te termina de convencer, sí, porque hay algo de musical en el asunto.
M.R: ¿Qué siente hoy una persona tan joven y que además es profesora de la Facultad en este momento tan particular del país, al ser escritora? Porque muchas veces, yo lo he escuchado hasta el cansancio y sé que no va a terminar, que el libro se muere, como que ya...
D.B: Sí, es un poco... Bueno, este es un momento... a mí me da un poco de pena pensar a veces que es un momento en que la gente no está del todo receptiva como a alguna propuesta diferente porque está todo el mundo centrado en los problemas más acuciantes que hay, ¿no? Y aparece uno con esto que... Y por otro lado también se puede pensar que justamente es cuando más se necesita el arte o ese tipo de cosas, ¿no?
M.R: Claro, yo me acuerdo en épocas de Facultad que siempre se decía que la parte de filosofía era una cosa totalmente que no servía para nada (risas).
M.F: La clásica, sí.
M.R: Y yo creo que es de los errores más gigantescos y ya estamos viendo las consecuencias ahora (risas).
D.B: Me hacés acordar que yo le decía al profesor de liceo al revés, que la matemática no servía para nada (risas). Y me acuerdo de que se enojó mucho, porque yo le decía... Me dijo «No, pero cómo...». Yo no le decía que la matemática, yo le decía que los teoremas, que aprenderme de memoria los teoremas no me iba a servir para nada, aun cuando fuera a ser contador mañana. ¡En liceo, la ofensa! (risas). El tipo se ofendió y me dijo «No, porque la matemática te enseña a pensar....» «Y la filosofía también», le dije yo.
A.G: Y sí.
M.R: Más allá de esos lugares quizás comunes, yo comprendo a una persona joven con ese libro que no leí; lo estuve hojeando recién, y veo que hay un lenguaje muy atractivo, muy sensual, además... La pregunta es, ¿qué se siente hoy, vos, chiquilina, presentás un libro, decís «¿Sirve para algo lo que estoy haciendo?».
M.F: Sí, es la pregunta, claro. Que ocurre también muchas veces, de pronto, y lo hablábamos también en Humanidades, cuando uno le comenta a algún amigo o pariente, «Sí, hago lingüística». «¿Y eso para qué sirve?». Entonces hay que buscarle... Hay lingüística aplicada y sirve, entre comillas, para un montón de cosas, pero hay también una cuestión más profunda: «¿Para qué sirve la ciencia?». Y bueno, es cuestión de querer conocer. «¿Para qué sirve el arte?» Y bueno... No tiene respuesta, y a la vez tiene tantas... Yo trato de no pensar mucho en eso y en cuanto a lo que escribo acá, como yo muchas veces he escrito en forma más profesional, libretos de radio, cosas para prensa, he trabajado mucho con el lenguaje, cuando hago esto, al revés, no me pongo, como me decía ella hoy, ninguna limitación, porque es el territorio donde realmente...
M.R: Lo hacés para vos misma.
M:F: Sí, escribo lo que se me ocurre y bueno, después Pablo Rocca me hacía notar un poco que era un libro que no hace concesiones ni las pide, como que es... pum. De pronto, claro, cuando alguien trabaja en otra cosa y solo escribe literatura, tal vez se pueda limitar más, pero en mi caso realmente trato de que sea super libre porque es un territorio personal muy disfrutable.
D.B: ¿Dónde se escriben esos textos, en cualquier lado?
M.F: Ah, sí.
D.B: ¿En un clima especial?
M.F: Ahora me armé un poco algo, le contaba a Ana, justamente, siguiendo el libro de Virginia Woolf que se llama «Un cuarto propio»...
D.B: Buenísimo.
M.F: Ella recomienda, sobre todo para las mujeres que escriban...
M.R: Sí...
M.F: Lo compré hace poquito, y entonces me decoré un poco un altillo que tengo pero sí, en general he escrito en cualquier parte, porque como son cortos.... Tal vez también eso tenga que ver un poco con que uno siempre de un trabajo a otro y bueno, en un momento libre, tomando un café...
D.B: Entre libreto y libreto (risas).
A.R:Menos mal que Dante Alighieri no nació en este siglo (risas).
M.R: Porque hay otra gente que escribe... Por ejemplo,Vargas Llosa es un hombre tremendamente aplicado; él escribe siempre de mañana. Se levanta y escribe cuatro o cinco horas y después...
M.F: Es la profesionalización, también. Virginia Woolf tenía una renta mensual, o anual, o no sé cómo era. Entonces vos leés los diarios y tenía, se ponía, por ejemplo: «Bueno, hoy escribo de doce a cuatro y a tal hora empiezo tal otra obra», era una cosa... También hay que tener un gran rigor.
D.B: Que Virginia Woolf lo tenía.
M.F: Lo tenía, sí, sí, se nota.
M.R: No te olvides que tenía todo ese grupo de Bloomsbury que era... Porque está también la gran orfandad, yo veo. A los treinta años, ¿con quién podés hablar hoy por hoy de literatura? Tenés que poner un aviso clasificado, «Quiero hablar de poesía con alguien» (risas). Y claro, y Virginia Woolf vivía al lado de Keynes, vivía al lado... era el grupo de Bloomsbury...
M.F: Sí, eran unas reuniones maravillosas.
M.R: Una cosa maravillosa. Hoy se convierte en un acto de una soledad... Hay que ser intrépido (risas). ¡Claro! Yo me acuerdo que hace muchos años leí a (Robert) Musil y puse un aviso clasificado en el diario, «No homosexual quiere hablar sobre Musil». No me llamó nadie (risas).
D.B: Magdalena, hablando de literatura, ¿qué has leído de bueno últimamente? Así, que te cautivó, que...
M.F: Bueno, justamente estuve leyendo a Virginia Woolf porque me había interesado en buscar en particular la correspondencia de ella y después hice una especie de recorrida por el circuito de librerías de usados, nuevo y usado, y por precios bastante buenos conseguí una cantidad de cosas. Ana se reía, porque yo le contaba... fue una cosa que cinco, seis libros juntos, ¿no? Baratos, por suerte.
A.R: Estamos en una etapa muy lobezna con la Woolf (risas).
M.F: Y bueno, y conseguí entonces unos cuantos: un diario de ella, unas cartas también... Pero vuelvo a lo mismo, no tanto las novelas.
M.R: Toda la vida sexual de ella fue fascinante, también...
M.F: Y las historias, la correspondencia.
D.B: La correspondencia que tenía con distintas personas.
M.R: Aparte tenía un peso tremendo sobre toda su generación. Era una referencia ineludible sobre ese grupo.
A.G: Una mujer muy respetada.
M.R: Keynes, por ejemplo, cada vez que hablaba de ella era como si hablara de Dios. Aparte era una mujer de unas agallas...
M.F: Impresionante.
M.R: Una época de oro de la literatura en inglés.
M.F: Y lo que me pasa un poco también es que no tanto las novelas más importantes de ella son las que más me atraen, sino por ejemplo «Orlando», que ella dice haberla escrito como diversión, como una travesura, y para mí tiene una riqueza que no la tienen otras que ella las sintió como más importantes, más de peso, más trascendentes, y entonces a mí no ...
M.R: Sí, se ve que por los gustos tuyos te gusta el juego, ¿no?
M.F: Sí, una cuestión más lúdica, o también sus diarios, sus cartas, cosas donde ella se relajaba más y ahí aparecían un montón de genialidades ...
D.B: Bueno, muy bien. A pedido del público en este caso no: a pedido de Magdalena, mejor dicho, a elección de Magdalena, nos vamos a despedir entonces con otro de esos textos de «Trinitaria», que es el libro que estamos descubriendo, presentándoles a ustedes esta mañana, Ediciones de la Banda Oriental, Magdalena Ferreiro su autora. Está en librerías. Bueno, a ver.
M.F: Este se llama «Talento» (lo lee).Pido perdón por la pronunciación en francés, que es horrible, pero... (risas). (Nota: el texto termina con la frase «Au revoir»).
D.B: Magdalena Ferreiro, muchas gracias por acompañarnos esta mañana aquí en El Espectador, y bueno, ya saben, ¿eh? «Trinitaria» está allí, vale la pena que se detengan, que lo lean y después de repente nos cuentan, le cuentan a la autora. Pueden de repente escribir...
M.F: Ah, eso es interesantísimo, las impresiones de la gente. Si me pueden escribir por ahí...
M.R: La recepción de la gente.
M.F: Sí, sí, sí, es muy emocionante.
D.B: La otra cara, porque uno también quiere saber qué opina el otro.
M.F: Claro, sí, sí, sí.
D.B: Gracias.
M.F: Muchas gracias por la invitación.
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Nota: los trabajos de Borges y Bioy a los que aludía son, por ejemplo, su legendaria Antología de la literatura fantástica, pero también otros menos conocidos como El libro del cielo y el infierno o El libro de los seres imaginarios (luego Manual de zoología fantástica), de Borges y Margarita Guerrero. Aún no había entrado plenamente en contacto con la obra de otros autores fundacionales de la minificción latinoamericana como Arreola o Monterroso. Sí admiraba, aunque no surgió en la conversación, los particulares textos breves de Marosa Di Giorgio. En cuanto a las obras de Virginia Woolf que fueron objeto de aquel safari bibliográfico (y que en su mayoría aún conservo), eran La Sra. Dalloway, Las olas, Un cuarto propio, Diario de una escritora (editado por su marido, Leonard Woolf), Cuentos completos y Cartas a mujeres, que recoge su correspondencia con su hermana Vanessa, Vita Sackville-West (inspiradora de Orlando) y Victoria Ocampo, entre otras. Ya tenía en mi biblioteca el Orlando en traducción de Borges y Tres guineas, y hace pocos años conseguí en lengua original Al faro (To The Lighthouse).
Trinitaria en el Diario Serrano de Minas (continuación)
Viene de esta entrada.
La entrega se hizo con la presencia de autoridades locales como la Secretaria General de la Intendencia, Dra. Adriana Peña de Larrosa, y la Directora de Cultura, Sra. Esmeralda Ocampo, e integrantes de la Fundación «Lolita Rubial»; la presencia literaria la constituyeron el escritor Julio C. da Rosa, los miembros del jurado (Benavides, Mirza y Rocca), Heber Raviolo y Alcides Abella por Banda Oriental; el escritor Raúl Vallarino, Director de la Biblioteca Nacional (segunda visita a Minas en menos de un mes) que, conjuntamente con la Fundación «Lolita Rubial» y la Intendencia Municipal de Lavalleja, en pocos días más traerán la muestra del pintor español y Director General de la Fundación Phillippe Cousteau de España, Sr. Ramón Villa, a la ciudad de Minas. Estuvieron también el artista plástico, asesor y colaborador permanente de la Fundación «Lolita Rubial» --Ignacio Márquez-- y los medios de prensa locales.
El cierre de la ceremonia estuvo apuntado a la sensibilidad a través de la música que hizo Gustavo Guadalupe: la delicadeza del sonido, el aura de lo primitivo, ancestral, desde un rito donde la comunicación se fue logrando acaparada por la espiritualidad y la belleza. Conjunción de música, voz, escenografía, expresión corporal y entrega humana.
Hugo Fontana: «Escribir lo que quiero escribir»
¿Qué importancia tiene participar en un concurso?
Es muy importante Es parte de la profesionalización del escritor, que para mí es fundamental. Poder ganar un premio, más allá del hecho simbólico o afectivo o la publicación, es parte de eso de que el escritor uruguayo es un paria, un artesano, pensando que tiene que trabajar de otra cosa para poder escribir. Si hubiera más concursos también habría más escritores y obras de calidad. En otros países la profesión de escritor existe, y tiene prestigio, y se vive de ella. En el Uruguay decís «Soy escritor» y te preguntan, «¿Y qué más hacés?». Y creo que hay que pelear mucho para derrotar esa imagen .
Está el escritor que se gana la vida como periodista...
Yo estoy prácticamente dedicado a la escritura. Con muchas dificultades he hecho la apuesta de escribir ficción, escribir lo que quiero escribir.
Pero leyendo sus libros hay investigación, búsqueda, y ya vamos al libro sobre Amodio Pérez, «La piel del otro», de reciente aparición.
«La piel del otro» es un libro de investigación a nivel de prensa de la época, y una serie larga de entrevistas a individuos que estuvieron involucrados de distintas maneras con el Movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros), que conocieron a Amodio, que participaron junto a él de todo lo que fue su peripecia de fines de los 60 y principios de los 70. Este libro se escapa de lo que es mi obra narrativa en concreto (novelas como «Bésame así», «El crimen de Toledo» o «El veneno»). En «La piel del otro» no escribí una línea que fuera de mi creación: mi labor fue armar un gran rompecabezas con todos los materiales que había ido reuniendo, dándoles un orden cronológico pero también humano y emocional. Dejé hablar a todos los protagonistas, al propio Amodio Pérez, sin dar opinión para dejar que el lector saque sus propias conclusiones sobre una época muy trágica, misteriosa y oscura.
«Oscuros perros” son siete cuentos...
Se inscribe en la línea de «El crimen de Toledo». Son pequeñas historias de la cotidianeidad del pueblo, el pueblo en el que vivo, Toledo, y eso es lo que nos une: eso doméstico, el descubrir en pequeñas cosas un drama, o un tema literario. Miserias o luminosidades, todo lo que toca al ser humano. Llegar a poder traducirlo literalmente, eso es lo que me propuse en este libro.
Tres libros en menos de un año. No parece uruguayo por lo exitoso (risas).
Es medio raro (más risas). Voy a aprovechar la racha. En noviembre se publicará en Alfaguara un libro de cuentos que ganó el premio de la Intendencia de Montevideo hace cuatro años.
Que siga escribiendo, porque ser lector de la obra de Hugo Fontana (Canelones, 1955) es dejarse atrapar por la buena literatura.
Magdalena Ferreiro: «Siempre con las palabras».
Rubia, joven, 28 años, montevideana, estudia lingüística y filología en la Facultad de Humanidades, es libretista del SODRE.
«Es la primera vez que me presento a un concurso que requiriera tanto material. A raíz de este concurso armé lo que va a ser mi primer libro. Son cuentos muy breves, de no más de diez o doce renglones cada uno. Es una narrativa cercana a lo fantástico y a la prosa poética y hay un cuento central que unifica todo. Son casi setenta textos, unas noventa páginas, y lo va a publicar muy pronto Banda Oriental».
Después del concurso, ¿has seguido escribiendo?
Sí. Hay algunas cosas más en la misma idea del cuento muy breve, con algunos más volcados a la prosa poética y otros más a lo fantástico.
¿Qué significado tiene un concurso de este tipo, un segundo premio, un jurado que tiene mucho rigor?
Orgullo. Estoy muy contenta. La cantidad de material presentado y que «Trinitaria», mi obra, ganara ese segundo lugar, es para tener mucho orgullo. Este es un país de escritores, de gente que trabaja muy bien. Entonces, más importante es. Y un estímulo, cuando es tan difícil publicar, trascender.
Magdalena Ferreiro parece ponerle ganas a su literatura, nervios, sonrisas y mucha poesía. Y belleza.
Jorge Gómez, Serrano (Minas, Lavalleja), 16 de junio de 2001.
Imágenes de Jasón
«Los criados en multitud, unos se ocupaban de un gran toro, otros cortaban con el bronce leños secos, otros hervían en el fuego agua para el baño; y ninguno había que cejara en su esfuerzo sirviendo al rey. Entretanto Eros, a través de una blanca neblina, llegó invisible, agitado, como sobre las recentales terneras en el pasto acomete el tábano, que los pastores de bueyes llaman moscardón. Pronto bajo el dintel, en el vestíbulo, tendió su arco y de la aljaba sacó un dardo nuevo, que acarrearía muchos lamentos. De allí, con sus ágiles pies, inadvertido cruzó el umbral con los ojos chispeantes».
II
III
IV
V
VI
VII
VIII
IX
X
XI
XII
XIII
Eros y Afrodita en la minificción
Foto: cumpleaños de Trinitaria en la apertura 2016 del ciclo Caramelos y Pimientos.
Hotel Marte en Letralia
Images of Jason
Mermelada mágica
Habanera op.25
Cumplo en contarles que al menos dos libros de la casa se van de paseo: a través de una gestión de la Casa de los Escritores del Uruguay, Trinitaria y Villa de Niebla (y tal vez también Los cien ojos de la cola del pavo real de Hera y La enfermedad del terciopelo, los dos trabajos que la Casa me publicó en 2009, el último de ellos en una antología) estarán en el stand que el Ministerio de Educación y Cultura tendrá en la 25ª Feria Internacional del Libro de La Habana. Y como si este honor no fuera bastante, luego de finalizada la Feria las obras en cuestión se integrarán probablemente al catálogo de la Biblioteca de la Casa de las Américas. Gran alegría entonces por aquí, y el agradecimiento a la Casa de los Escritores y al Área de Letras del MEC por el apoyo.
Nueva corresponsalía
Foto: Ciudad Vieja, Montevideo.
La pensatriz salmantina
Foto: Viena.
Lecturas varias
«Hotel Marte» en Ronda de Poetas (La Ronda Café, Montevideo), 3/10/16. Presentación de la colección de poemas incluida en Veinte, publicación digital en homenaje al vigésimo aniversario del sitio web venezolano Letralia.
«El cumpleaños de la Reina» en Caramelos y Pimientos (Bar Girasoles, Montevideo), 12/4/2016. Textos de Trinitaria (2001), Villa de Niebla (2004), «La enfermedad del terciopelo» (serie de prosas incluida en la antología 7 Jóvenes Narradores 7, 2009), Los cien ojos de la cola del pavo real de Hera (2009) e inéditos.
Día Internacional de la Poesía en la Casa de los Escritores del Uruguay (Mercado de la Abundancia, Montevideo), 21/3/2016. Textos de Los cien ojos de la cola del pavo real de Hera y La enfermedad del terciopelo a siete años de su publicación.
Foto: cortesía de Nilson de Souza (16/9/15).
Los poetas dicen
Foto: Vilna, Lituania.
Los libros de la casa
Tablas reales y otros juegos, en Letralia (www.letralia.com), sitio web de Cagua, Venezuela, 2008.
Los cien ojos de la cola del pavo real de Hera (Montevideo, Casa de los Escritores del Uruguay, 2009). ISBN 978-9974-96-651-2.
«La enfermedad del terciopelo», colección de prosas publicada parcialmente en 7 Jóvenes Narradores 7 (Montevideo, Casa de los Escritores del Uruguay, 2009). ISBN 978-9974-96-647-5.
«La Soufrière/ El Azufral», colección de poemas publicada parcialmente en Alhucema Nº 31 (Albolote, Granada, 2014).
«Hotel Marte», poemario, en Veinte (libro digital editado por el vigésimo aniversario de Letralia, 2016).
Foto: Concha de Perla, Galápagos.
Toda manera de alegría
«Por que toda manera de alegria quiso Dios que ouiessen los omnes en si naturalmientre, por que pudiessen soffrir las cueytas e los trabaios quando les uiniessen, por end los omnes buscaron muchs maneras por que esta alegria pudiessen auer complidamente».
«Onde por esta razon fallaron e fizieron muchas maneras de juegos e de trebeios con que se alegrassen».
Purorrelato II
Foto: Carnaval de Venecia (Sensation. 6 sensi x 6 sestieri).






















